domingo, 20 de marzo de 2011

Meditaciones de Cuaresma

Meditación para el 20 de marzo, segundo
domingo de la Cuaresma

Marcos 3:31-4:9
Y al sembrar, una parte de la semilla cayó en el camino, y llegaron
las aves y se la comieron. Otra parte cayó entre las piedras, donde
no había mucha tierra; esa semilla brotó pronto, porque la tierra no
era muy honda; pero el sol, al salir, la quemó, y como no tenía raíz,
se secó. Otra parte de la semilla cayó entre espinos, y los espinos
crecieron y la ahogaron, de modo que la semilla no dio grano. Pero
otra parte cayó en buena tierra, y creció, dando una buena cosecha;
algunas espigas dieron treinta granos por semilla, otras sesenta
granos, y otras cien.” (4:4-8)

Hace algunos años, estaba en un taller donde se les pidió a
los participantes que representaran en silencio la parábola del
Sembrador. Recuerdo qué sensación tan liberadora fue lanzar esas
semillas imaginarias sin desenfreno, el sentirme completamente
involucrado en el proceso sin mucha preocupación por lo que estaba
pasando con las semillas.
Si hemos de ser mayordomos responsables, debemos tomar un
poco de precaución al determinar qué hacemos con nuestros
recursos—dónde y con quién compartimos nuestras riquezas. Por
otro lado, ser sumamente cautelosos nos lleva a que dudemos
en dar aquello que se nos ha llamado a compartir de forma libre.
Algunas veces olvidamos que el resultado de nuestros actos no es
realmente de nuestra incumbencia cuando se trata del trabajo del
Reino. El sanar a un mundo lastimado nos llama más allá de la
precaución. Cuando participamos en el trabajo de liberar a otros,
nosotros también somos liberados.
¡Que todo aquel que tenga oídos, que escuche!
—Joy Daley

viernes, 18 de marzo de 2011

Meditaciones de Cuaresma

Meditación para el sábado, 19 de marzo,
La Fiesta del Día de San José


Mateo 1:18-25
“La virgen quedará encinta y tendrá un hijo, al que pondrán por
nombre Emanuel” (que significa: “Dios con nosotros”). (1:23)

Era un sueño descabellado—uno que parecía liberar a José de su
gran preocupación sobre María, pero eso insinuaba hacia algo aún
más grande que un embarazo inoportuno. Este niño será llamado
“Emanuel, Dios con nosotros.” El nombramiento de este milagro
anuncia la unión del cielo y la tierra para que la santidad de Dios sea
conocida en carne humana.
Nunca más se vería a la carne humana como algo que no es
sagrado. A partir de este momento, nadie podría ser desechable;
todos tienen valor trascendental y eterno porque Él es Emanuel.
La viuda y el huérfano, el pobre y el indigente, el refugiado y el
preso, el invisible y el olvidado—todos resemblan la imagen divina y
son profundamente amados por el hijo de José. Cuiden de mí, dice
Jesús, a través de su cuidado hacia los más desafortunados.

—Duncan Gray III

jueves, 17 de marzo de 2011

Meditaciones de Cuaresma

Meditación para el viernes 18 de marzo

Hebreos 4:11-16
Porque la palabra de Dios tiene vida y poder. Es más cortante que
cualquier espada de dos filos, y penetra hasta lo más profundo del
alma y del espíritu, hasta lo más íntimo de la persona; y somete a
juicio los pensamientos y las intenciones del corazón. (4:12)


Los escritores de la Escritura muestran un interés frecuente por
el corazón, utilizando la palabra para describir la voluntad tanto
de Dios como de los seres humanos. El Deuteronomio habla de
“La circuncisión del corazón”, un concepto que Pablo repite siglos
después. Hebreos nos habla de “Las intenciones del corazón”, y de
cómo Jesús remueve nuestras pretensiones. Juan el Bautista, quien
no menciona al corazón de manera directa, dice que su gozo ha sido
pleno gracias al advenimiento de Jesús el Mesías.
Cuando la Escritura menciona el corazón, escucho el canto de esta
frase de la adoración Oriental Ortodoxa: “¡Sabiduría! ¡Asistamos!”
Al escuchar la palabra “corazón”, intuyo que el Espíritu Santo se
acerca, y me invita a acercarme para dar a conocer lo que Dios
quiere de mí: en mi mente, en mi voluntad, en mis elecciones
diarias, en mis acciones. Y escucho dos palabras del himnario de
reavivamiento: confía y obedece.
—Douglas LeBlanc

Cursillistas






Reuniones de caminata espiritual en el tiempo de cuaresma del grupo de cursillos Santa Maria.

miércoles, 16 de marzo de 2011

meditaciones de Cuaresma

Meditación para el jueves 17 de marzo
Deuteronomio 9:23-10:5
Como el Señor había amenazado con destruirlos, yo me quedé
arrodillado delante del Señor durante cuarenta días y cuarenta
noches… (9:25)

Moisés respondió al llamado de Dios de llevar a las personas de
Israel a través del desierto de forma renuente. Fue un momento de
“Quién, ¿yo?”. El viaje estaba lleno de dificultades y rebelión.
Y sin embargo, en el desierto, el corazón renuente de Moisés fue
transformado. Su corazón se transformó en un corazón para Dios y
para el pueblo de Dios. Aquí, Moisés cae en el suelo, vertiendo su
corazón mientras intercede en su nombre.
En la oración de intercesión, ofrecemos las necesidades de otros
al cuidado y a la voluntad reconciliadora de Dios. Una oración de
intercesión sorprendente es encontrada en las palabras de Jesús
cuando se encuentra en la cruz y ruega que seamos perdonados.
Durante estos cuarenta días y noches, la oración de intercesión
es particularmente apropiada. A medida que derramamos nuestros
corazones, nos conectamos con un mundo azotado por los
desastres naturales, la destrucción ecológica, el hambre y la guerra.
Es un momento de “Quién, ¿yo?”. ¿Qué acción estoy siendo
llamado(a) a tomar para unirme a la lucha por la libertad de la
esclavitud humana?
—Karen Montagno

martes, 15 de marzo de 2011

Meditaciones de Cuaresma

Meditación para el miércoles 16 de marzo

Juan 2:23-3:15

Había un fariseo llamado
Nicodemo, que era un
hombre importante entre los
judíos. Este fue de noche a
visitar a Jesús, y le dijo: —
Maestro, sabemos que Dios
te ha enviado a enseñarnos,
porque nadie podría hacer los
milagros que tú haces, si Dios no estuviera con él. Jesús le dijo: —
Te aseguro que el que no nace de nuevo, no puede ver el reino de
Dios. Nicodemo le preguntó: —¿Y cómo puede uno nacer cuando
ya es viejo? ¿Acaso podrá entrar otra vez dentro de su madre, para
volver a nacer? Jesús le contestó: —Te aseguro que el que no nace
de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que
nace de padres humanos, es humano; lo que nace del Espíritu, es
espíritu. No te extrañes de que te diga: ‘Todos tienen que nacer de
nuevo.” El viento sopla por donde quiere, y aunque oyes su ruido,
no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así son también todos los
que nacen del Espíritu. (3:3-8)