miércoles, 20 de febrero de 2013

DEVOCIONALES DE CUARESMA


Miércoles, Febrero 20
Ustedes... que comen corderos selectos y terneros engordados
— Amós 6:4


Aquí el Profeta sobre habla sobre el desperdicio: comerse un
cordero desperdicia la lana que puede producir durante toda su vida y una ternera, la leche que puede proporcionar durante su vida útil.
El pollo que compré pesa aproximadamente tres libras. Primero, lo asamos: una suculenta comida caliente que me recuerda las cenas dominicales cuando era niña. Luego separo toda la carne restante en los huesos para una ensalada de pollo o algún otro plato. Probablemente otras dos comidas, pues ahora somos sólo dos. Los huesos van dentro de la olla junto con restos de vegetales y las hierbas que pueda encontrar en el jardín, hierven a fuego lento
sobre la estufa durante un par de horas, y la sopa llena la casa con un olor maravilloso. Cuelo el caldo en un recipiente y lo congelo.
Lo que queda en el colador va al montón de compost, para nutrir la vida nueva en el jardín.
Cuando se mata a un animal para comerlo, le debemos a éste,
creado como nosotros por un Dios de amor, dignificar su sacrificio aprovechándolo al máximo. Dios no ha desperdiciado nada en la creación; y nosotros que somos su imagen, tenemos la obligación de no desperdiciar nada.
¿Su cena de pollo le exige un deber moral? ¿Algo tan cotidiano y sin importancia? Pues sí. En la creación, las cosas pueden ser cotidianas, pero nunca carecen de importancia.
— Bárbara Cawthorne Crafton

martes, 19 de febrero de 2013

DEVOCIONALES DE CUARESMA


Martes, Febrero 19
Booz dio estas órdenes a sus criados... dejen caer algunas espigas de los manojos para que ella las recoja... Así que Rut recogió espigas en el campo hasta el atardecer... Luego, Rut le entregó a su suegra lo que le había quedado después de haber comido hasta quedar satisfecha.
— Rut 2:16-18


Ante las necesidades manifiestas, los actos de bondad pueden traer un sentido de valor y bienestar a las vidas de las personas y pueden también satisfacer sus necesidades básicas.
La Iglesia Anglicana de Burundi junto a sus socios, ha podido
distribuir herramientas y materiales para la excavación de zanjas.
La erosión del suelo es un reto que muchos agricultores encaran, pues es causa su propia pobreza y de la de sus comunidades.
Sencillas trincheras han aumentado la fertilidad del suelo. Los
pastos cultivados para forraje en sus bordes, no sólo ayudan a
evitar la erosión, sino que se convierten en fuentes de ingresos.
Una madre de cinco hijos describe cómo la venta de la hierba le permitió comprar dos cabras, algunas ropas, aceite, sal y azúcar.
Ella y otros miembros de la comunidad han podido aliviar el
hambre, pues ahora pueden proporcionar a sus hogares dos
comidas al día en lugar de una sola.
Booz dio a Rut la ayuda básica que necesitaba y ella pudo
proveer para sí misma. También nosotros podemos suministrar las herramientas adecuadas y las oportunidades para resolver un problema inmediato, y quizás también traer bendiciones inesperadas.
— Leonidas Niyongabo

lunes, 18 de febrero de 2013

DEVOCIONALES DE CUARESMA


Lunes, Febrero 18
“Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos como forastero y te dimos alojamiento, o necesitado de ropa y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te visitamos?”
El Rey les responderá: “Les aseguro que todo lo que hicieron
por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí.”
— Mateo 25:37-40


La Cuaresma es una invitación a preguntarnos qué nos acerca a la vida, a la muerte y al amor de Cristo. Las preguntas que me hice durante la Cuaresma hace unos años fueron: “¿Dónde hay hambre en mi propia vida y en las vidas de los demás?”; y tal vez lo más importante: “¿Qué debo hacer con las respuestas?” Hasta entonces, no tuve el coraje de hacerme esas preguntas.
Cuando abrí la puerta a las preguntas y a la oración, el Espíritu Santo, sin perder tiempo, me dio las respuestas rápida y claramente. Era obvio que no tenía hambre física, mi hambre era por autocomplacencia espiritual. No estaba poniendo mi fe en acción por algo que me preocupaba profundamente: las personas que en mi propio entorno sufren hambre.
En esta Cuaresma me preguntaré: “¿Qué más puedo hacer
acerca del hambre de los demás?” Y daré gracias a Jesús por ser la definición de mi valentía, mientras espero que el Espíritu
Santo viva y se mueva en mi ser, desafiándome a ser una fiel
administradora y ejemplo del que nos ama a todos.
— Marianne Ryan

domingo, 17 de febrero de 2013

DEVOCIONALES DE CUARESMA


Domingo, Febrero 17
Con mi ejemplo les he mostrado que es preciso trabajar duro para ayudar a los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir”.
— Hechos 20:35


Los cuarenta días de Cuaresma constituyen un viaje para dar.
Nos damos a Dios como Jesús se entregó a sí mismo, realizando un sacrificio mayor que nos hace cada vez más disponibles para Dios como vehículos para sanar el quebrantamiento del mundo.
Año eclesiástico tras año eclesiástico, dedicamos esta temporada para rendirnos, para entregarnos nuevamente. A menudo,empleando disciplinas particulares, buscamos eliminar las distracciones que nos distancian de Dios y del mundo que Dios ama. Prestando atención a nuestro comportamiento, cambiando la rutina, eliminando algún hábito o sumando una nueva práctica; caminamos en una nueva dirección, siguiendo los pasos de Jesús que se entrega a Dios en la Cruz.
Andar con Jesús hacia Jerusalén, es una procesión paso a paso hacia Dios, entregándonos más plenamente con cada oración, con cada acto de negación y la generosidad o la compasión. Dar apoyo a los débiles, como Pablo explicó a los ancianos en Éfeso (en el pasaje de Hechos sobre el que reflexionamos hoy), es parte integrante de esa propia entrega que, Jesús lo promete, será nuestra bendición.
— Marcos Hollingsworth

sábado, 16 de febrero de 2013

Retiros ministerios 16 de Febrero de 2013









DEVOCIONALES DE CUARESMA

Sábado, Febrero 16

Yo soy el pan de vida —declaró Jesús—. El que a mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed.
— Juan 6:35



El pan es importante en mi vida, en casa es un elemento básico.
Siempre hay algún tipo de pan en la casa, y las raras ocasiones cuando falta la harina, pueden precipitar una pequeña crisis.
El pan es también el centro de mi trabajo. Cuando serví como ministra de campo, el objetivo fue siempre tener verdadero pan en la comunión, incluso mejor si era casero. Después del culto, el pan era parte de la comida que compartíamos. Y mientras comíamos,hablábamos de las muchas personas que no tienen pan para comer y tampoco seres queridos y amigos con los que reunirse. El pan como sustento, partimiento del pan, familiares y amigos, tantas
metáforas e imágenes. Realmente lo comprendimos.
Pero no importan las circunstancias, el acto de comer pan es hecho sagrado cuando ha sido preparado por manos conocidas. Mucho mejor es ese primer bocado de pan caliente recién salido del horno, el suave olor de la levadura todavía percibiéndose en el aire.
Cada vez que horneo pan, me pregunto por qué no lo hago más a menudo. Vale la pena hacerlo aunque sea sólo por esos primeros bocados. Por desgracia, he dejado la costumbre de hornear, pero aún lo recuerdo. El deseo de pan fresco, elaborado a mano, es como mi hambre de Jesús, no tiene fin.
Tal vez esta es la disciplina espiritual a la que me llama este tiempo de Cuaresma: hornear, partir y compartir el pan para recordar mejor al que satisface realmente.
— Jennifer Baskerville-Burrows

viernes, 15 de febrero de 2013

DEVOCIONALES DE CUARESMA


Viernes, Febrero 15
Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: “Les aseguro que esta viuda pobre ha echado en el tesoro más que todos los demás. Éstos dieron  de lo que les sobraba; pero ella, de su pobreza, echó todo lo que tenía, todo su sustento”.
— Marcos 12:43-44

En una reciente visita a uno de nuestros programas agrícolas en
Myanmar, me sorprendió saber que la cooperativa de la comunidad
local decidió utilizar el 30 por ciento de sus ganancias como
dotación de capital para la puesta en marcha de un nuevo programa
agrícola en un área diferente en un pueblo vecino. Como resultado
del aumento de las cosechas y los ingresos, debido al éxito de sus
esfuerzos en la agricultura ecológica, la comunidad se contentaba
con satisfacer sus necesidades y, aunque todavía dentro del nivel
de pobreza, optaron por compartir generosamente con los demás,
en lugar de seguir obteniendo mayores beneficios para distribuir
dentro de la comunidad.
Todo esto fue por propia iniciativa; la que seguramente es alentada
por la parábola de la viuda pobre que ofrece todos sus bienes a la
misión de Dios.
Durante esta Cuaresma reflexionemos sobre cómo compartimos
nuestra abundancia.
— Nagulan Nesiah