lunes, 7 de abril de 2014

Lunes 7 de abril

Les contó otra parábola: “El reino de los cielos es como un 
grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. 
Aunque es la más pequeña de todas las semillas, cuando 
crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en 
árbol, de modo que vienen las aves y anidan en sus ramas”.
—Mateo 13:31-32

Me gusta la miel tanto como la mostaza. Las abejas y la miel son
uno de mis proyectos favoritos de la Agencia Episcopal de Alivio y
Desarrollo. Siempre les pregunto a nuestros socios si puedo ver sus
proyectos para el cuidado de las abejas. Me fascinan las abejas, su
cuidado, la polinización y la miel. Cuando era joven me encantaba
caminar por los campos con mi abuelo campesino de Nebraska para
ver sus abejas, asegurarnos de que estuvieran sanas, creciendo bien y
ayudando a que sus cultivos crecieran en abundancia.
Para los campesinos de pequeña escala, que no pueden mantener
Ganado, las abejas pueden cambiar su vida. Recuerdo muy bien un
grupo de mujeres en Kenya que orgullosamente me mostraron sus
abejas y colmenas, dándome instrucciones sobre lo básico para cuidar
de las abejas, insistiendo que yo probara su miel, explicando cómo
llevan sus botellas de miel al mercado, y sus planes para engrandecer
su negocio para beneficio de toda la aldea. No tenían que decírmelo,
pues era abundantemente claro que las abejas les infundían esperanza
e provocaban transformación en su vida y a su comunidad.
¡El reino de los cielos es como una colmena!
—Brian Sellers-Petersen

domingo, 6 de abril de 2014

Quinto Domingo en Cuaresma

Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.
Mateo 6:21

Recuerdo que cuando era niño, mi mamá y yo tuvimos que mudarnos
a un apartamento pequeño. El edificio tenía una alberca y un gran
cantidad de niños. Éramos pobres, pero yo no lo sabía. Era feliz. Mi
mamá sólo había terminado la secundaria y aunque ella tenía varios
trabajos, el dinero era poco.
Unos meses después de habernos mudado, recibió una llamada de
una amiga que deseaba saber si podía venir para traernos un regalo de
bienvenida al nuevo hogar. La amiga de mi mamá nos trajo seis cajas
de alimentos. Mi mamá empezó a llorar.
Años después, me enteré que teníamos sólo 29 centavos en el
banco esa noche. Teníamos un poco de pan y un tazón casi vacío
de mantequilla de cacahuate (maní) que para sostenernos por dos
semanas. Mamá no le había dicho a nadie, sólo rezaba que Dios
proveyera. Fue un momento crucial en la fe de mi madre, no sólo en
Jesús, sino también en sí misma.
Fue una pequeña inversión, el darnos comida, pero llegó a ser la
acción catalizadora que cambió nuestra vida para siempre.
El sentirse segura de que tenía lo suficiente para nuestras necesidades
le dio confianza a mi mamá. Esa confianza le dio fuerzas para
regresar a sus estudios y recibir múltiples títulos. Luego ella abrió una
escuela para ayudar a los que habían dejado sus estudios a fin de que
terminaran la secundaria y siguieran a estudios superiores.
De esta manera, la Agencia Episcopal de Alivio y Desarrollo ayuda
a que las comunidades respondan a sus propias necesidades, ganen
confianza y abran oportunidades para moverse de la escasez
a la seguridad.
¿Cómo podemos convertirnos en catalizadores para otras personas?
—Chad Brinkman

Sábado 5 de abril

El que es generoso será bendecido, pues comparte su 
comida con los pobres.
—Proverbios 22:9

En la oscuridad de la noche, mientras sus familias dormían pacífica e
inconscientemente, nueve mujeres en el oeste de Tennessee horneaban
pan. Querían devolver algo a la comunidad, ofrecer dones de bondad,
ayudar a otras sin ninguna expectativa de que les regresen el favor.
Ellas escuchaban a escondidas en las tiendas, oyendo a personas que
necesitaban ayuda, fijándose cuando alguien tenía que dejar a un lado
pan o leche por falta de dinero. Y ellas llenaban el carrito y pagaban
la cuenta. Pasaban por los barrios en las noches calientes y anotaban
las direcciones de las casas que tenían ventiladores en las ventanas—
señal que no tenían aire acondicionado. Dejaban regalos en el pórtico,
incluyendo pan hecho en casa y una nota que decía: “Alguien te
quiere”. Si se necesitaba pagar por electricidad, ellas enviaban dinero a
la compañía, no hacían preguntas.
Desde los 1970, este grupo de mujeres ha obrado con generosidad
extraordinaria—y cautela. Sus buenas obras se hicieron públicas hace
un año, con una historia por Lori Weiss que se ha puesto una y otra
vez en todo el internet.
Al principio cuando empezaron, se preguntaban cómo podrían
sufragar esa misión. Dejaron de mandar sus blusas a la tintorería,
empezaron a recortar cupones, y encontraron modos de ahorrar en sus
propios gastos para poder gastar a favor de otros. Estas nueve mujeres
al principio soñaban de tener por lo menos un millón de dólares para
ofrecer. En los últimos 35 años han contribuido cerca de $900,000
para difundir felicidad y compasión en sus comunidades y más allá.
¡Las que son generosas, en verdad, son bendecidas!
—Richelle Thompson

viernes, 4 de abril de 2014

Viernes 4 de Abril

Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella; 
el mundo y cuantos lo habitan.
—Salmo 24:1

Cuando tengo sesiones de entrenamiento con agricultores de
subsistencia, siempre comienzo con un estudio de este pasaje bíblico.
Recordamos que somos llamados a ser guardianes de la creación y no a
ser sus dueños. Nos ayuda a recordar nuestro lugar correcto ante Dios.
Hago la pregunta: “¿Qué me pueden decir del lugar en donde tiras tu
basura? ¿Le pertenece a Dios?” El darnos cuenta que todas las cosas
le pertenecen a Dios nos ayuda a considerar nuestras posesiones más
livianamente, a compartir los recursos más generosamente y a hacer el
esfuerzo necesario para ser mejores administradores de lo que se nos
ha dado.
Esta lección es tan importante en el mundo desarrollado como para
los agricultores rurales. Nosotros, a quienes se les ha dado acceso a
más recursos estamos llamados a no acumular lo que tenemos. Lo que
tenemos le pertenece a Dios, y estamos llamados a compartirlo para
que los demás tengan también la oportunidad de ser administradores
de los recursos de Dios.
He visto la luz que brilla en los ojos de una persona a quien
consideramos humilde, nada más que un agricultor de subsistencia,
pero a través del estudio de las Sagradas Escrituras descubrí que los
agricultores están llamados a una tarea honorable y noble siendo
guardianes de la creación, administradores de las riquezas de Dios.
¿Cuál tiempo, cuales talentos y recursos se te han dado? ¿Cómo puedes
ser buen administrador hoy día? ¿Cómo puedes compartir lo que
tienes para capacitar a los demás?
—Robbin Denney

jueves, 3 de abril de 2014

Jueves 3 de Abril

Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán 
la ley de Cristo.
—Gálatas 6:2

Durante la peregrinación a Ghana de la Agencia Episcopal de Alivio y
Desarrollo en 2013, me sentí particularmente bendecido al visitar una
de las pequeñas haciendas en la parte norte del país. Caminamos un
buen trecho en medio de un hermoso trigal hasta que vimos colores
vibrantes entre los tallos. Era la ropa de los trabajadores agachados
y espigando. Hombres y mujeres juntos, como unos veinte en total,
formaban una línea derecha y metódicamente espigaban todo el
campo. Con gran alegría, terminaron unos minutos después.
Supimos después que los espigadores del campo eran todos vecinos
del real hacendado dueño de esa tierra, quien era una de esas personas
espigando. El resto de la gente eran sus vecinos, todos ayudaron ese
día a espigar su campo. Al día siguiente, el mismo grupo iría a otro
campo, y luego otro, hasta que el trabajo de la comunidad quedaba
hecho.
Lo que vi fueron vecinos ayudando a vecinos, sin importar una
victoria individual competitiva. Creo que cumplían la directiva a los
Gálatas 6:2, “Sobrelleven los trabajos unos de otros, y de esta manera
cumplirán con la ley de Cristo”. ¡Ay! Cuando amamos a nuestros
vecinos como a nosotros mismo, todo el mundo parece lleno de
vitalidad y alegría.
—Sam Candler

Miércoles 2 de abril

El que es generoso será bendecido, 
pues comparte su comida con los pobres.
—Proverbios 22:9

Proverbios 22:9 es una máxima de amor, el amor de los unos por
los otros es algo que debemos cultivar. El compartir generosamente
con aquellos menos favorecidos, hace la diferencia en nuestras vidas
e impacta en la de ellos.— Podemos afirmar que la bendición que
se recibe al ser hacedores de ésta palabra es doble: una al ver como
las vidas de nuestros hermanos y hermanas que viven en necesidad
van siendo transformadas, y la segunda porque cuando tenemos un
corazón generoso, nuestro Padre Celestial nos bendice con creces en
todo cuanto emprendemos en una manera que no podemos imaginar.
Una de mis bendecidas experiencias en mi vida, ha sido el trabajar en
mi país, Honduras, con Programas de Microfinanciación auspiciados
por la Agencia Episcopal de Alivio y Desarrollo, programas por medio
de los cuales los y las participantes no solo tienen la oportunidad de
beneficiarse económicamente sino espiritualmente, ya que a través de
éstos programas hemos llevado a la par las buenas nuevas de salvación.
Definitivamente el ver cómo esas vidas van siendo cambiadas de una
u otra manera; y el escuchar testimonios de mujeres que viven en
las diferentes comunidades donde trabajamos quienes expresan su
agradecimiento por las bondades de los programas de micro finanzas,
porque les han ayudado a sentirse útiles y empoderadas al lograr
aportar a la economía de sus hogares es una bendícíón. Esa alegría
reflejada en sus rostros, esos sentimientos que afloran en ellas al
hablar de ese empoderamiento constituyen el mejor regalo que se
puede recibir por la labor realizada.
A lo largo y ancho de este mundo donde los pobres y marginados son
más, existe mucha necesidad de una mano amiga, generosa, que ayude
a éstos hermanos y hermanas quienes solamente están esperando esa
oportunidad única y valiosa para poder avanzar, para ser forjadores de
un mundo mejor, tanto para sí mismos como para sus familias que les
brinde la oportunidad de vivir con decoro, con dignidad.
Oremos por esos corazones bondadosos que están cambiando vidas
significativamente, que Nuestro Señor les bendiga prodigiosamente,
asimismo por la Agencia Episcopal de Alivio y Desarrollo y sus socios
quienes en forma conjunta estamos trabajando en la construcción
de un mundo más humano, más justo, y por ende más acorde con la
voluntad de Dios.
—Connie Sánchez

martes, 1 de abril de 2014

Martes 1 de Abril

—Todos ésos los he cumplido —dijo el joven—. ¿Qué más 
me falta?—Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que 
tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. 
Luego ven y sígueme. Cuando el joven oyó esto, se fue triste 
porque tenía muchas riquezas. 
—Mateo 19:20-22


Yo quiero saber, como dice Pablo Harvey, “el resto del cuento”.
Sí. Entiendo. Se alejó triste. Pero ¿terminó su duelo? ¿Llegó a
comprender que sus cosas materiales no lo definen? ¿Hizo por fin lo
que Jesús pidió? ¿Lo fue a encontrar? ¿Se propuso alcanzar a Jesús en
la siguiente parte del camino?
Porque sí es un camino. Muy pocas de nosotras lo entendemos
inmediatamente. Necesitamos tiempo… tiempo para pensar, para
llorar, para estar a solas con Dios, para olvidarnos de nosotras mismas.
Esta historia no termina aquí. Eso me da esperanza.
—Hermana Claire Joy