sábado, 14 de mayo de 2011

LECCIONARIO DIARIO

Día

Lectura

Antiguo Testamento

Salmo

Lectura

Nuevo Testamento

Evangelio

Lunes 16

44

Colosenses 1:1-14

Lucas 6:1-11

Martes 17

47

Colosenses 1:15-23

Lucas 6:12-26

Miércoles 18

49

Colosenses 1:24—2:7

Lucas 6:27-38

Jueves 19

50

Colosenses 2:8-23

Lucas 6:39-49

Viernes 20

40

Colosenses 3:1-11

Lucas 7:1-17

Sábado 21

55

Colosenses 3:12-27

Lucas 7:18-28

domingo, 1 de mayo de 2011

Lecciones Pascua

II Domingo de Pascua 1 de Mayo
Hechos 2:14a, 22-32
Salmo 16
1 Pedro 1:3-9
Juan 20:19-31

III Domingo de Pascua. 8 De Mayo
Hechos 2:14a, 36-41
Salmo 116:1-4, 12-19
1 Pedro 1:17-23
Lucas 24:13-35


IV Domingo de Pascua 15 de mayo
Hechos 2:42-47
Salmo 23
I Pedro 2:19-25
Juan 10:1-10

V Domingo de Pascua 22 de Mayo
Hechos 7:55-60
Salmo 31:1-5, 15-16
1 Pedro 2:2-10
Juan 14:1-14

VI Domingo de Pascua 29 de Mayo
Hechos 17:22-31

Salmo 66:8-20
1 Pedro 3:13-22
Juan 14:15-21



viernes, 22 de abril de 2011

Meditacion Semana Santa

Meditación para el 23 de abril, Sábado Santo

Este es un día de espera. Lo peor
ha ocurrido. Lo mejor aún no llega.
Clavado en la cruz sólo ayer, Jesús
está muerto, y su muerte hace que
todo parezca al máximo irrelevante—y
en lo mínimo, una broma cruel.
Los discípulos están dispersos,
extremadamente conscientes de la
pérdida e incapaces de imaginar la
nueva vida que llegaría a destruir la
muerte para siempre.
En el trabajo que la iglesia es llamada a hacer entre los maltratados
y los quebrantados, es tan difícil poder ver la plena manifestación de
la nueva vida y la esperanza renovadora que es el fruto de nuestra
fidelidad. Así que debemos vivir todos nuestros días esperanzados,
creyendo que las semillas dadas al agricultor en Sudán un día
alimentarán a su familia, y el pozo que se está perforando suplirá el
agua a un pueblo salvadoreño necesitado.
Porque no vemos el fruto siempre, debemos siempre creer en la
promesa de que nada está perdido, y que la vida, no la muerte, es la
palabra final de Dios.
—Duncan Gray III

Meditacion Semana Santa

Meditación para el 22 de abril, Viernes Santo
Juan 19:38-42
Así pues, José y Nicodemo tomaron el cuerpo de Jesús y lo
envolvieron con vendas empapadas en aquel perfume, según la
costumbre que siguen los judíos para enterrar a los muertos. Allí
pusieron el cuerpo de Jesús, porque el sepulcro estaba cerca y
porque ya iba a empezar el sábado de los judíos. (19:40, 42)

Durante toda mi vida adulta como cristiana he querido a mis
amistades con los escépticos, ya sea que se llamen agnósticos
o ateos. Uno de esos amigos quien era alegre excepto cuando
hablaba de Dios y del problema del mal, se refería a este día feriado
religioso como el Viernes Malo.
Mientras su elección de vocabulario me preocupaba, lo respetaba
porque reflejaba lo él realmente pensaba: que los cristianos
glorificaban la muerte despiadada de Jesús como algo bueno.—una
respuesta que mi amigo decididamente no consideraba algo bueno.
Yo también llamaría este día Viernes Malo si pensara que el
entierro que aparece en Juan 19:38-42 fuera el final de la historia.
Mientras que éstos no fueron la conclusión, la muerte y el entierro
de Jesús marcan el punto decisivo de historia de salvación. He aquí
el Cordero sagrado, ofrecido por Dios, que quita los pecados del
mundo.
—Douglas LeBlanc

miércoles, 20 de abril de 2011

Meditaciones Semana Santa

El Jueves Santo, 21 de abril
Primera de Corintios 10:14-17, 11:27-32
Aunque somos muchos, todos comemos de un mismo pan, y por
esto somos un solo cuerpo. (10:17)

Jesus pasa sus últimas horas con sus amigos. La cruz se vislumbra
sobre la comida. Jesus adopta el papel de un criado, lavándoles los
pies.
Con esta acción, personifica su vida y su ministerio. Redefine las
convenciones de este mundo. Grandeza es servir. Amar a Dios
significa amarse los unos a los otros. Dios está dispuesto a morir por
esto.
Nos reunimos para compartir alimento en un lugar. Hay un pan.
Compartimos. Lo partimos en muchos pedazos. Nuestros cuerpos
son alimentados. Ésa es la vida. En esta misma mesa, nuestras
almas son alimentadas.
De la misma manera que el pan se parte en pedazos, el mundo está
roto. Jesús será roto. Sin embargo, todavía hay esperanza. Jesús
nos deja a los unos con los otros y su Espíritu para guiarnos.
¿En esta última hora, cómo nos sentaremos juntos en la mesa?
¿Cómo compartiremos el pan con el propósito de que todos puedan
ser alimentados?
—Karen Montagno