lunes, 31 de marzo de 2014

Lunes 31 de Marzo

“¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el 
ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo? 
¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame sacarte 
la astilla del ojo”, cuando ahí tienes una viga en el tuyo? 
¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con 
claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano. 
—Mateo 7:3-5

Cuando las mujeres del clero de nuestra diócesis se reunieron con
nuestro Obispo Nuevo, pedí que se pusieran de pie las que no estaban
recibiendo el salario mínimo de la diócesis. No puedo recordar ahora
cuántas se pusieron de pie, pero creo que nuestro obispo se sorprendió
al verlo. Yo no me sorprendí.
Ya no soy un párroco, así que no tengo interés especial en esto.
Pero creo que es muy importante para nosotros el poner atención a
nuestros mensajes de empoderamiento económico a la mano. Cuando
esperamos que el personal de nuestra iglesia trabaje más horas por
menos dinero, he visto recaer esta actitud en negocios locales, en los
que ofrecen servicios, en los recipientes de esos servicios y hasta en los
voluntarios.
El empoderamiento económico puede empezar pagando a nuestros
empleados lo que les prometimos que le pagaríamos cuando los
contratamos, y pagando a aquellos que ofrecen servicios un salario
justo, completo y decente.
—Laura Darling

viernes, 28 de marzo de 2014

sábado 29 de marzo

SEÑOR, ten compasión de nosotros; pues en ti 
esperamos. Sé nuestra fortaleza cada mañana, nuestra 
salvación en tiempo de angustia. 
—Isaías 33:2

Nuestra amada y excelente maestra del programa, Godly Play, recibió
sus papeles de deportación.
Es casada con un ciudadano de Estados Unidos y había esperado no
tener que dejar a su familia ni su trabajo. Ayuda a su suegra en un
negocio bueno de guardería pero había crecido en su amor por su
trabajo con los niños y soñaba estudiar desarrollo infantil. Pero ahora
tendría que salir de los Estados Unidos y ser enviada a la ciudad
peligrosa de Juárez para esperar su juicio. Cientos de mujeres han sido
asesinadas allí en los últimos años, y los casos siguen sin resolverse.
Su suegra tenía el corazón destrozado y ahora sería responsable
de sus dos nietas y tendría una empleada menos. La congregación,
especialmente los niños, se entristecieron y pensaban que no
regresaría jamás. El último domingo que pasó con nosotros
quisimos hacer lo mejor en esa situación aunque teníamos el corazón
destrozado. Se le dieron flores, tarjetas y regalos y luego le pidieron
que dijera unas palabras. Con una convicción increíble, nos consoló
y compartió su fe infinita en Dios. Nos aseguró que Dios tenía un
plan, y que no importaba el resultado ella estaría bien. Le fue bien.
Después de nueve meses, milagrosamente regresó con sus documentos
para reunirse con su familia y con su iglesia; y el negocio familiar de
guardaría está creciendo.
—Mary Moreno Richardson

Viernes 28 de Marzo

¡Levanta la voz por los que no tienen voz! ¡Defiende los 
derechos de los desposeídos! ¡Levanta la voz, y hazles 
justicia! ¡Defiende a los pobres y necesitados!
—Proverbios 31:8-9

Cuando leo este pasaje, me acuerdo de un carpintero—no del que
probablemente estás pensando, sino de Juan Awozo, un hombre cuya
vida y trabajo reflejan a Cristo. También conocido como el director,
Juan dirige una escuela vocacional de carpintería para hombres con
discapacidades en una pequeña aldea en el norte de Ghana.
En muchos países, incluyendo Ghana, es costumbre que las familias
oculten a los discapacitados porque se consideran como estigmas
sociales. Muchas veces, se les cree “malditos” y se ocultan por toda la
vida. Juan, aunque sordo él mismo, va de choza en choza reclutando y
liberando a los discapacitados de sus vidas de soledad y vergüenza.
Con el apoyo de la Agencia Episcopal de Alivio y Desarrollo y con
su asociada, la Organización Anglicana Diocesana para Desarrollo y
Alivio, Juan es capaz no sólo de brindar hospitalidad y alimentar a sus
estudiantes sino también enseñarles las habilidades de carpintería.
Juan les enseña un oficio pero al mismo tiempo les enseña cómo
llevar una vida bien. Esa educación abre puertas que estaban cerradas,
ofreciendo a sus estudiantes la oportunidad de crear su propio negocio
y sostenimiento.
John Awazo aboga con pasión y elocuencia, en favor de los
discapacitados. Es un signo del amor incondicional de Dios y del
llamado de Dios a que seamos las manos, los pies, y aún la voz de
Cristo para esos necesitados.
—Mary Stuart Smart

jueves, 27 de marzo de 2014

Jueves 27 de marzo

Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el 
Señor y no como para nadie en este mundo. 
—Colosenses 3:23
Definitivamente, yo no iba a estudiar mecanografía. Ni me
especializaría en inglés, ni sería una maestra ni enfermera, ni
aprendería a cocinar. Como una adolescente, estaba decidida a no
hacer las cosas que otros esperan que la mujer haga. No quería que mi
sexo presupusiera ni mis acciones ni mi profesión. Estaba tan envuelta
en mi propio yo, en una auto-justicia enmascarada como feminismo,
que casi perdí la vocación que Dios había planeado para mí.
De alguna manera, a pesar de mi testarudez, mi padre me convenció
que estudiara un semestre de mecanografía. Y mi maestra de inglés
escribía notas en las orillas de mis tareas, sugiriendo que continuara
escribiendo, al mismo tiempo que seguía mis planes para asistir a una
escuela de medicina. “Cuando escribes, cuando cuentas historias”,
decía ella, “te sientes viva”.
Durante mis años en la Universidad, empecé a comprender que las
decisiones que tomo para mi vida no deben ser por o en contra de
que los otros esperan—ni cómo me rebelo contra esas expectativas.
Las reglas y los estereotipos según el sexo pueden ser un maestro
insidioso. Al contrario, lo que yo necesitaba era discernir los dones
que Dios me ha dado—y hacer lo mejor que puedo para honrarlos.
Por lo tanto, escribo, cuento historias, y ayudo a otros a contar
historias. Y, como mi papá me recomienda frecuentemente, estoy
agradecida todos los días por esa clase de mecanografía.
—Richelle Thompson

miércoles, 26 de marzo de 2014

Miércoles 26 de Marzo

“Cuando llegue el tiempo de la cosecha, no sieguen hasta 
el último rincón de sus campos ni recojan todas las espigas 
que allí queden.
“No rebusquen hasta el último racimo de sus viñas, ni 
recojan las uvas que se hayan caído. Déjenlas para los pobres y los 
extranjeros. Yo soy el Señor su Dios”. 
—Levítico 19:9-10
Me gusta la eficiencia. Es un legado congénito reforzado por mi
herencia holandesa calvinista y consagrado por los cuentos del trabajo
de mi abuelo como un fabricante de herramientas y máquinas de
troquel. Su precisión combinada con su economía de movimiento
conforme afinaba cientos de mecanismos en su taller.
Una predisposición hacia la eficiencia cuadra bien con mi mundo
profesional de inversiones y finanzas. Así que me detuve en seco ante
el dramático mandato de dejar algunos campos sin cosechar. Se opone
al deseo financiero de enfoque, eficiencia, y and maximización. Hay
que reducir costo y riesgo en la negociación; busca ganancias. Se debe
lograr todo el capital posible, ¿verdad?
Cuando consideramos las inversiones desde el punto de vista de
sostenibilidad y valores, podemos contestar de diferente manera.
Vemos que lo que no “apreciamos”—como la habilidad de todos para
prosperar, respirar aire puro, y tener acceso a capital—es a largo
plazo de mucho valor. Empezamos a ver oportunidades para invertir
nuestro dinero, fijándonos no en cosechar hasta lo último sino estar en
solidaridad con los demás. Considerar todas nuestras relaciones, toda
la gama de la economía de Dios. Ésa es la economía donde nada se
desperdicia pero no todo es eficiente.
—Jackie VanderBrug

martes, 25 de marzo de 2014

Martes 25 de Marzo

Que el Dios que infunde aliento y perseverancia les 
conceda vivir juntos en armonía, conforme al ejemplo de 
Cristo Jesús, para que con un solo corazón y a una sola voz 
glorifiquen al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.
—Romanos 15:5-6

Favor de permitirme que les comunique signos de ánimo en el Sudán
del Sur.
En nuestra Diócesis de Wau, la Unión de Madres opera programas
de alfabetización y de estudios financieros que capacitan a las
mujeres con dos habilidades claves necesarias para avanzar en la vida.
Recibimos ayuda de la Unión de Madres de la Gran Bretaña para
hacer esto.
Por favor deja que te hable de Naomi Bakri, una madre del Sudán del
Sur que vive en Francia. Ella habla en varias iglesias y recauda fondos
para los estudios de mujeres adultas. Alabo a Dios y le doy gracias a
Naomi por su ejemplo y gran bondad.
Por favor deja que te hable de Val Wilson y un grupo de mujeres del
Decanato Pool en Gran Bretaña. Juntos hemos recaudado fondos para
que las mujeres puedan asistir a St. John’s Theological College en nuestro
propio plantel de la catedral.
En la Diócesis de Wau queremos construir una secundaria para niñas.
Es uno de mis sueños para hacer una declaración audaz expresando
que la educación de niñas y de mujeres es algo vital y necesario.
Estamos trabajando con el gobierno para abogar y recordarles
de su promesa de abrir veinte y cinco por ciento de empleos
gubernamentales a las mujeres en todos los niveles.
Permítanme preguntarles: ¿Qué pasaría si lográramos esto? ¿Qué
pasaría si pudiéramos hacer un cambio que dure para siempre? ¿Qué
pasaría si hiciéramos esto juntos y nos enriqueciéramos al hacer eso?
Para que juntos, glorifiquemos con una voz a Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo. Amén.
—Moses Deng Bol

lunes, 24 de marzo de 2014

LUNES 24 DE MARZO

Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta 
ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo. 
Por su acción todo el cuerpo crece y se edifica en amor, 
sostenido y ajustado por todos los ligamentos, según la 
actividad propia de cada miembro. 
—Efesios 4:15-16

Lo sé, lo sé. Todos los que tienen un poco de interés espiritual parece
que están diciendo: “soy espiritual pero no religioso”. Sabemos
lo que quieren decir, que disfrutan de un sentido más puro de
lo sagrado cuando no se sienten atrapados y frustrados con los
mecanismos y estructuras y algunas veces la aburrición de una vida
institucionalizada.
Pero una espiritualidad buena siempre incluye tanto el cuerpo como
el alma. Nuestro cuerpo realmente lleva una alma. Y los cuerpos
necesitan huesos y músculos y ligamentos; nuestros cuerpos necesitan
mecanismos. De los más grandes hasta los más pequeños. Así es lo que
indica Efesios 4:16 que el Cuerpo de Cristo está unido y entretejido
junto cuando cada ligamento cumple su función.
En su raíz, la palabra “religión” incluye el significado de ligamento,
“volver a atar juntos”. Una buena religión, por consecuencia, es la que
intenta mantener juntos los pedazos críticos de nuestra espiritualidad.
Recemos por la iglesia hoy. Recemos por la iglesia como un “cuerpo
vivo”, que realmente sí necesita estructuras y ligamentos, desde el más
grande hasta el más pequeño. Ese cuerpo realmente lleva al Cristo
vivo y alma nuestra.
—Sam Candler