viernes, 15 de marzo de 2013

DEVOCIONALES DE CUARESMA


Viernes, Marzo 15
Luego Leví le ofreció a Jesús un gran banquete en su
casa... Pero los fariseos y los maestros de la ley que eran
de la misma secta les reclamaban a los discípulos de
Jesús: ¿Por qué comen y beben ustedes con recaudadores
de impuestos y pecadores? No son los sanos los que necesitan médico sino los enfermos —les contestó Jesús. No he venido a llamar a justos sino a pecadores para que se arrepientan.
— Lucas 5:29-32


Cuando era un niño creciendo en un pequeño apartamento en
la ciudad de Nueva York, la mesa de la cocina era el centro de
nuestro hogar. Servía como espacio de estudio, sala de estar y, por supuesto, comedor.
Hace varios años me invitaron a casa de un amigo para almorzar, lo que me hizo recordar muchas otras mesas. Disfrutamos de sopa de tomate (una muy suculenta con trozos de zanahorias y rematada con albahaca morada rallada), una baguette y quesos, raviolis cubiertos ligeramente con mantequilla y queso parmesano, una variedad de higos, buen chocolate oscuro y esas maravillosas finas galleticas, especie de cruce entre galletas escocesas de mantequilla (shortbread) y bizcocho. Esta comida sencilla pero extravagante, unió a dos amigos que rieron, soñaron, discutieron sobre los temas del día y se escucharon mutua y profundamente.
Jesús no tenía una mesa de cocina propia, pero me imagino que la comida que compartió con sus amigos y seguidores tendría un sabor parecido.
Eso es el altar para mí. Es central y esencial, mantiene los recuerdos y trae a la memoria lo que hacemos alrededor de las “mesas de comer” en los salones de nuestra parroquia, en nuestros hogares, en restaurantes y en parques. Las mesas de comer y el altar de Cristo tienen mucho que enseñarnos sobre la hospitalidad radical, tal como lo hacen sobre la satisfacción de las hambres espirituales y físicas.
— Jennifer Baskerville-Burrows

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